Tres sorbos de café

(Para leer en voz alta)

 

 

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Por César González “Chico”

 

Primer sorbo

…—no, eso no suena bien… las notas están ahí pero no estás interpretando los silencios…

… Julio interpretaba  los silencios como nadie… para él era sencillo pues era una especie de Obi Wan Kenobi de la guitarra… sus dedos se movían con una ligereza impresionante y el sonido que emanaba de su instrumento era como si tuviera dentro una orquesta completa… sin embargo,  lo que todos esperábamos cuando Julio tocaba, era el silencio… cuando Julio ejecutaba un pasaje brillante en su guitarra, acto seguido algo te golpeaba el pecho y sentías irremediablemente ganas de llorar, como si hubieras perdido algo valioso y querido… era el silencio que venía después, como una onda de choque; un silencio elocuente y conmovedor…

… escuché una vez a un pianista alemán cuyo nombre lamento no recordar, interpretar las Variaciones Goldberg… nos pidió en un español elemental que lo escucháramos con los ojos cerrados y que al finalizar la obra, guardáramos silencio… —no aplaudan —pidió… guarden silencio… tocó magistralmente desde luego, pero lo más impresionante vino después… al finalizar la obra, las treinta o cuarenta personas que llenábamos la  pequeña sala de conciertos, nos quedamos allí, con los ojos cerrados y en silencio más de cinco minutos… ni un aplauso, ni una carraspera, nada… sólo una pequeña cofradía levitando en torno a Bach y compartiendo el silencio que dejó tras de sí… de a poco fuimos abriendo los ojos, nos levantamos y nos marchamos así, en silencio, como si temiéramos romper algo frágil y valioso que se nos hubiera dado…

… algo frágil y valioso; no es una mala definición para el silencio…

… será por eso que al cabo de los años me descubro necesitando y administrándome fuertes dosis de silencio… … rehúyo los sitios con música estridente, los televisores, las plazas con niños, las personas parlanchinas…  por las mañanas no tolero que se me hable hasta haber alcanzado mi dosis de café y silencio… el silencio, ese bien tan preciado y tan escaso en estos días oscuros…

… muchos años me llevó entender que Julio no sólo intentaba enseñarme música… intentaba sobre todo, instruirme en el silencio…  



Segundo sorbo

…—a que ni te imaginas de dónde te hablo beiby... psss del baño, estoy meando  jajajajaja... si, si, en serio, horita mientras te hablo... tsssss, ya ves, es una de mis múltiples habilidades... y no me pongo en video porque te me vayas a impresionar; además aquí hay otros caballeros jajajaja... bueno, ya me voy porque ya acabé... te veo en la oficina al ratón beiby jajajaja... no, pues no me alcanzo jajajaja... vale, horita te veo... besitos...
...el cuadrúpedo en cuestión era un tipo alto, bien parecido, de traje impecable, zapatos caros y una de esas corbatas que jamás podría yo comprarme en el posible, aunque improbable caso de quererme comprar una corbata... había entrado al baño cuando estaba lavándome las manos... en la mano izquierda sostenía no sé si un celular grande o una tablet pequeña... con la derecha y haciendo gala de la habilidad que da la práctica, se paró delante del mingitorio, hizo un par de movimientos de cadera para alinear el tiro y se puso a lo suyo...

… aparte de mí y del vecino de mingitorio del cuadrúpedo, el otro caballero era el encargado del baño... uno de esos señores amables, flacos, bajitos y que nadie ve, ni siquiera cuando te alcanzan la toalla para secarte las manos, porque con los años se han mimetizados con los mosaicos... los tres mirábamos al cuadrúpedo con distintos grados de extrañeza... su vecino, poniendo en duda sus habilidades y dada la cercanía, bastante más alarmado que el otro 66.6% de los caballeros presentes... yo pensando casi en voz alta: —lástima de ropita... el encargado del baño en posición de esfinge, con los ojos entrecerrados y la cara de quien ya lo ha visto todo... … el cuadrúpedo, con la ya mencionada habilidad, terminó la maniobra a una mano, arrojó unas monedas en el platito de las propinas y salió sin lavarse las manos... sin duda en pos de su beiby... nadie dijo nada... de pronto una voz que pareció salir de detrás de los mosaicos o de las cañerías, una voz rasposa y grave, una voz de esfinge dijo: —no cabe duda; en la puerta del baño a cualquiera le llaman caballero... ¿le ofrezco una toalla señor?...

 

Tercer sorbo

...mi biografía miente... dice que me llamo César,  que nací en Mérida y que soy músico... que fui un buen estudiante hasta la secundaria y fui uno muy malo el resto del camino… dice que hablo español y francés pero no dice que también hablo dormido… tengo pasaporte, cartilla, acta de nacimiento, domicilio conocido y RFC y todos esos documentos coinciden en que mi nombre es César Ramón González de la Torre; pero ninguno dice que en realidad me llamo “Chico”, como me llaman mis amigos… mi biografía miente porque no dice lo importante... no dice por ejemplo que soy nieto de Rosa, que al final de su vida tenía una piel delgadita como de pergamino… que nos amamos desde que nací hasta que murió tomada de mi mano… no dice que soy nieto de Tiburcio que era un tipo magnífico que cantaba y tocaba la guitarra… no dice que un día vino la muerte con el encargo de llevarse a Efraín González y se llevó a mi abuelo, a mi tío y a mi hermano que se llamaban igual… … no dice que mi abuela María se fue haciendo pequeñita conforme envejecía, para que la muerte no la encontrara… no dice tampoco que cultivo jitomates y limones y que les canto todos los días en el jardín… no dice lo que me entristece o lo que me hace feliz… no menciona el café, ni el Jack Daniel’s, ni los libros, ni el silencio… no habla de tus ojos, ni de tus esquinitas, ni de que en largas y frías noches como la de hoy, te echo de menos...

 

El poso del café

...usted y yo volveremos a vernos el día menos pensado... sea puntual... yo lo seré...

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