¿Cuáles calumnias?

Por Lazlo Moussong

 

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Idéntico al golpe de audacia que dio Martha Sahagún cuando se publicaron los libros Marta y La Jefa, en que la denunciada con hechos y pruebas consiguió hacerse la víctima sin molestarse en justificar o corregir los actos de corrupción, deshonestidad, ocultamiento, mentiras y violación al régimen jurídico que se exponían a la luz pública en esos libros, y que en vez de recibir el merecido reclamo de la sociedad se convirtió en ganancia de popularidad entre una ciudadanía despolitizada y manipulable, ahora Elba Esther Gordillo ha manipulado a la opinión pública con respecto a la publicación en que anónimamente se le denuncia de crímenes, traiciones, arribismos, corrupción, etcétera, se atreve a hablar de ética y consiguió que muchos periodistas olviden el contenido objetivo de ese texto y las formas viles y gangsteriles en que es exhibida la sujeta, para ocuparse exclusivamente de la falta de ética que implica –ciertamente- intervenir teléfonos para espiar y hacer públicas las grabaciones logradas.

            Sin duda, es delictuoso e inadmisible el espionaje telefónico, y cobarde y estúpido ese tipo de anonimato; aunque las conversaciones de la Gordillo que se hicieron públicas la exhiban como ejecutora de un estilo político que sólo exuda bajezas, ése es un camino reprobable e ilegal para la denuncia. Pero al cinismo prepotente de esa señora (tan coincidente en estilo y amoralidad con su amigocho Jorge Castañeda) nunca le han preocupado las denuncias; lo que la enfureció fue todo lo que de ella se puso en evidencia. Y casi todos se fueron con la finta.

            Para empezar, hay que preguntarse si ella, ahora que llega a la Cámara y tras esta desagradable experiencia, promoverá al fin una legislación que imponga, como delito federal, serias penas carcelarias y elevadas multas a quienes cometan espionaje telefónico sin orden judicial, o si le conviene más (como lo prefirieron los diputados salientes) dejar el asunto como una falta muy leve, porque la señora prefiera eludirlo para no ponerse candados a sí misma. Apuesto con toda certidumbre que nunca se ocupará de que ese delito se penalice severamente.

            Se perdió de vista que no toda la publicación de la supuesta Asociación “Ignacio M. Altamirano” está ocupada por la reproducción de las conversaciones telefónicas; contiene, también, una serie de denuncias completamente objetivas, no calumnias, y sí es de celebrar el ingenio y la precisión significativa de las referencias a Troya (pues ya nadie ignora quién es el caballo de Fox para concretar la peor traición a México después de Santa Anna, que sería la apertura constitucional al capital extranjero en electricidad y petróleo) y a la siniestra lady Macbeth, que ahora se propone ser cómplice de la necedad foxista de apuñalar a las mayorías con el IVA a medicinas y alimentos así como, en una jugada de jaque mate, liquidar la reciente recuperación electoral del PRI con la complicidad de quien es su nueva líder moral frente al tan exhibido mandilón Roberto Madrazo.

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