Tres sorbos de café

(Columna)

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Por César González “Chico”

 

Primer sorbo

... aunque siempre hui de ello, creo que me estoy convirtiendo de a poco en un animal de costumbres... siempre fui malo para la prisa, los horarios, los calendarios y las agendas... suelo dormir cuando tengo sueño, despertar cuando ya no lo tengo, comer cuando tengo hambre, quitarme la ropa a la menor provocación, escribir y tocar cuando me da placer hacerlo sin preocuparme mucho de a qué hora sucede qué y sin imponerme rigurosas disciplinas... sólo la de saber qué cosas tienen que estar hechas para el final del día, cuáles pueden esperar y a cuáles tengo que encontrar el modo de seguir sacándoles la vuelta... no me mal entiendan; soy obsesivamente puntual y cuando hago un compromiso suelo cumplirlo en fecha y hora aunque rara vez lo anoto salvo en el caudaloso caos de mi cabeza...

… todos los años por ahí del 27 de Diciembre me compro una hermosa agenda con el firme propósito de, ahora sí, llevarla al pie de la letra... la supervivencia promedio del artefacto es de 8 días, no más... después de eso se convierte en un cuaderno más de los cientos que tengo, donde se anota de todo y de cualquier forma... me refiero a trozos de canciones, cachitos de melodía, secuencias de acordes, frases sueltas, compromisos, teléfonos, mapas, dibujitos, mi esporádico diario, citas literarias, listas de pendientes... todo de atrás para adelante, de abajo para arriba, del centro hacia los lados, en diagonal, en columnas, es espiral y sin importar el día, la hora y ni siquiera el año -esto lo estoy escribiendo en una agenda de 2004 por ejemplo-...

… muchos años me atormenté tratando de ser más ordenado pero luego aprendí que esos cuadernos eran el mapa de mi cabeza y de mi pensamiento y que no valía la pena tratar de ordenarlos sino más bien aprender a navegar con ellos... así lo he hecho hasta ahora... pero de unas semanas para acá me descubro haciendo las cosas en horarios fijos, en orden riguroso y escribiendo de izquierda a derecha sin salirme de la raya... me descubro preocupado por el efecto que mi caos pueda tener en quienes trabajan conmigo, en quienes me quieren y me esperan...

… desde que naces la vida te va quitando cosas... te quita amores, amigos, hábitos, costumbres, recuerdos... un día te quitará el café, otro el alcohol, otro más la memoria, el sexo, la salud, hasta que te aplaste definitivamente...

… ¿será que me han quitado mi caos, mis mapas?... ¿será que finalmente me alcanzó la prisa?...

Segundo sorbo

...así como en el cuento de los frijoles mágicos, un día arrojé por la ventana un puñado de semillas... el resultado, dos meses después, fue una planta que dio cuatro kilos de chile manzano... me aficioné al asunto desde entonces y así muy al descuido, sin grandes técnicas, ni gran infraestructura y en un espacio diminuto he cosechado duraznos, jitomates, quelites, chiles por supuesto y vienen en camino los limones...

… te comes un limón, arrojas sus semillas a la tierra, lo riegas un poquito, le cantas otro poquito y obtienes un limonero... es un gran trato...

… suena muy tonto pero me sigue pareciendo un ejemplo fascinante y conmovedor de la generosidad con la que se nos brinda el mundo y a veces somos tan ciegos y tan necios que no reparamos en semejantes maravillas... no me mal entiendan... no quisiera que vinieran los fanáticos a hablarme de las bondades de dios y bla bla bla y a hacer proselitismo... ni siquiera estas cosas que parecen magia me hacen plantearme la pregunta de si dios existe o no... de lo que estoy seguro es de que dios no importa...

… prefiero pensar en eso que decía Óscar Wilde de que las grandes maravillas y los grandes misterios se ocultan en lo visible, no en lo invisible...

… con su permiso, voy a cantarle a mis limones...

Tercer sorbo

...— ¿ya averiguaste?, me volvió a preguntar la última vez que lo vi... —todavía no padre, en eso estoy...

… le contesté exactamente igual el día que lo conocí, hace cuarenta años, el día que mi abuela me llevó por la fuerza al catecismo... el padre Raymundo sonreía con unos dientes amarillos y enormes como de caballo y miraba a través de unos lentes de culo de botella... era un gringo grandote, amigable, con manos de gorila...

… — ¿y tú crees que Dios exista muchachito?...

…—no sé padre, estoy averiguando...

… —bueno, pues en lo que averiguas vamos a trabajar...

… en el catecismo del padre Raymundo no se rezaba, ni se leía la Biblia… se trabajaba...

…anexo a la iglesia, que no era más que un bodegón en obra negra, el padre había construido un albergue... era una estructura de lámina con una docena de catres, una pequeña cocina, un baño... me explicó que le apenaba mucho ver que los albañiles que construían las casas del nuevo fraccionamiento llegaran al amanecer, trabajaran todo el día y tuvieran que volverse fatigados, al caer la tarde, a sus pueblos que seguramente quedaban lejos...

… —así todos los días, imagínate, así que aquí al menos doce, como los apóstoles, pueden venir a cenar, descansar, cagar, desayunar e irse de nuevo a trabajar... de modo que el grupo de niños catequistas del padre Raymundo no rezaba un carajo pero tendía camas, barría, trapeaba, cocinaba huevos con frijoles, calentaba tortillas y atendía, todos los días, a una docena de fatigados albañiles... siempre al final nos reunía y nos hablaba de la caridad, de la importancia de servir al otro, de sus aventuras en la frontera atendiendo a los migrantes y a los trabajadores de la pizca en albergues similares... … —¿ya averiguaste?, me preguntaba si me encontraba tendiendo los catres...

… —no padre, en eso estoy...

… — ¿ya averiguaste?, me preguntaba si estaba yo trapeando...

… —no padre, en eso estoy...

… en días de calor compraba bolsas de globos, los llenaba de agua y organizaba épicas y acuáticas batallas en el atrio de la iglesia...

…—albañiles contra niños catequistas, órale...
...el padre Raymundo casó a mis hermanas, casó al tío solterón, bendijo mi casa, bautizó a mi hijo, y tomó la mano de mi abuela mientras moría... yo nunca hice la primera comunión y me interesa bastante poco la existencia o inexistencia de dios... pero a mucha honra, yo fui de los niños catequistas del padre Raymundo... esos que no rezan un carajo pero siguen averiguando... y en eso estamos...

 

El poso del café

...con el café aunque estés solo, siempre parece que hay alguien a punto de llegar a compartir silencios...

 

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