Desde la hamaca 

(Columna)

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Por Mercedes Alvarado

 

Ahora que el DF empieza a vestirse de jacarandas y el clima nos regala la oportunidad de más horas en la hamaca, he vuelto a Alas de agua, de Andrea Fontán, donde el silencio nombra y el blanco de la página suma y significa en versos minimalistas que conversan con mis ganas por que llegue ya la primavera.

Alas de agua es la poesía de una mujer que mira por la ventana lo mismo cuando llueve que cuando llega el día de las mariposas. Es un libro que se abre y se desdobla ante el acto de la contemplación, y nos comparte el ritmo con que la gota corre sobre el silencio del vidrio, o la paciencia con que se cultivan las luciérnagas en el jardín.

Andrea Fontán hunde las manos en la noche, se mueve alrededor de la casa, riega los malvones en el balcón y desnuda las flores para contarnos del camino que hace la ausencia. Es un libro fuerte, de poemas que con muy pocas palabras -sólo las necesarias- construye un mundo en las cosas pequeñas y habituales.

 

 

Fragmentos de ‘Alas de Agua’ (Alción Editora, 2018)

*

golpear el silencio

hasta que sangre las palabras

 

una piedra

                  y otra

                           y otra

alguna dará en el blanco

 

después

sentarse a esperar

 

acaso el tiempo las ordene

acaso empiecen a ser ciertas

 

 

*

veo

una gota de silencio

deslizarse por el cristal

 

en medio de otras

                     de tantas otras

 

cae

como si no fuera parte de la lluvia

lenta    única

exhausta

 

dormida en el brillo de tus ojos

 

 

*

los ojos

de la última luna

no rezarán palabras

 

rezarán silencios

 

 

*

no sabrás nunca

si el pájaro de tu balcón

venía a traerte el silencio                 su canto

           a llevarse tu noche

o

          a traerte los nombres de tu olvido

 

 

*

yo creía

que la eternidad

sólo

vivía entre los muertos

 

y ahora

encuentro este silencio

adherido a las paredes de la habitación.

 

Andrea Fontán (Argentina, 1956), radica en Buenos Aires.

Ha publicado los libros de cuentos Un gesto de otro mundo, Ed. Vinciguerra, 2006 y Camino polvoriento, Ed. Botella al Mar, 2015; la novela Teano, Ed. Bergerac, 2011 y los poemarios Lejos todavía, Ed. Vinciguerra, 2014 y Alas de agua, poesía, Ed. Alción, 2018.

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Por  Indran Amirthanayagam

 

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OK, te quitaron tu teléfono en la oficina.

Tú que enseñas en la mas importante

universidad estatale de tu estado,

en un país considerado la primera 

potencia del mundo. Pero, sí, eres

de letras. No produces bitcoin o batutas,

ni siquiera mantequilla. Te perdono,

y te llamaré por la noche. Siento

una angustia por no haberte escrito

un libro entero en una noche. No sé

qué hacer con estos sentimientos

de orgullo por tí mi hermano

Abel, tan prolífico y prolijo,

y tu rebano de estudiantes

con cabello dorado 

y senos suculentos,.y yo

aquí con Paolo a lo lejos

y nadie más o menos. 

 

dr) el 17 de mayo, 2018

 

Para leer en voz alta

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 César "Chico" Gonzalez

 

Primer Sorbo

… —al principio yo nomás los pateaba, pero bien; donde sabía que los iba a joder… luego les hicimos otras cosas peores pero si les cuento se me van a asustar… —ni sabía yo porqué les hacíamos todo eso, nomás era la orden y había que cumplir… cuando eres raso ni preguntas, nomás vas y cumples… —lo cabrón es cuando te ascienden y el que ordena que les pongan en su madre eres tú… —tampoco es que sepas bien porqué, pero tú vas y ordenas que los madreen, si bien les va… si no, pues les va mal… —y ya que les está yendo mal, el lugar empieza a apestar a miedo que es como una mezcla de olores… a sangre, a mierda, a sudor, a lágrimas; porque hay quien chilla como nena… y apesta… no hay ningún olor parecido…  

… era raro encontrarlo en algún festejo de los que se hacen en la cuadra… venía solo y seguro había bebido un par de tragos que lo pusieron parlanchín, y como nos encontró a mano a mi amigo Roberto y a mí, se puso a contarnos sus aventuras en el ejército sin que nadie se lo pidiera…  nos contó cosas horrendas que hizo, así que lo cortamos luego de un rato, diciéndole que preferíamos no saber y no perderle respeto…  —pendejos, masculló… —la puta que los parió, maricones…

…cuando lo conocí, don Joaquín ya era el viejo gruñón de la cuadra desde hacía años… ese que nunca devuelve las pelotas que se vuelan a su patio… ese que se pelea porque el árbol del vecino ensucia con hojas muertas la entrada de su casa… ese que le toca el claxon frenéticamente a los niños que juegan en la calle… ese que a veces responde con un gruñido a un buenos días, como si la existencia del prójimo fuese siempre algo estorboso…

… flaco, hosco, bajito; caminaba siempre muy derecho como si sus superiores lo estuviera viendo marchar … todos las tardes se le veía salir a correr con un perro enorme que tenía,  a paso marcial… siempre salía a la misma hora, siempre por la misma ruta… dos cuadras hacia arriba, vuelta a la derecha hasta el parque, tres vueltas completas a paso veloz, luego media vuelta hasta su calle, bajar a la izquierda y a su casa… se le veía los domingos del brazo de su esposa, a quien nadie nunca escuchó hablar  y que parecía no salir a otra cosa que no fuera ir a misa…

…luego la esposa y el perro se murieron casi al mismo tiempo y don Joaquín perdió poco a poco la chaveta y se le vino encima la edad… se puso encorvado;  el cabello se le puso blanco de un día para el otro, dejó de afeitarse y de golpe dejó de ser un viejo bastante atlético para volverse un anciano minúsculo… seguía saliendo a correr todos los días a la misma hora, por la misma ruta, con una correa en la mano paseando un perro invisible… salía en un uniforme que le quedaba inmenso, como si fuera el  general Schwarzkopf recién llegado de la operación Tormenta del Desierto… marchando y gritando con voz militar cuando llegaba a la esquina: —¡flaaaanco derecho!, ¡yaaa!... luego en el parque a todo pulmón  —¡de freeeeente, marchen!...

…—¡media vueltaaa!, ¡yaaaa! ... y luego en la otra esquina —¡flaaaanco izquierdo!, ¡yaaa!... siempre lo seguía a lo largo de la ruta un pelotón de niños que iban detrás de él obedeciendo las órdenes que daba…  cada tanto se volvía don Joaquín a gritarles, blandiendo la correa de su perro invisible:  —escuincles pendejos, les voy a echar al perro para que los mate… así todo el camino, todas las tardes, hasta que regresaba a su casa…

….era tiempo de elecciones y El Candidato iba a venir a hacer campaña al barrio… colgaron lonas inmensas con su jeta por todas partes, arreglaron el parque, pintaron los topes, las banquetas, y nos enteramos de los sentidos de las calles porque los indicaron con enormes flechas amarillas…

…ese día y todos los que siguieron hasta su muerte, don Joaquín no salió más a pasear a su perro invisible… se quedaba muy quieto en la puerta abierta de su casa, con la correa en la mano, vestido de general de la Tormenta del Desierto, mirando fijamente, paralizado, una inmensa flecha amarilla pintada en el asfalto delante de su casa, que señalaba en dirección contraria a la que había tomado todas las tardes de su vida…

 

Segundo Sorbo

…septiembre 26 de 2017… martes... ¿cómo se vuelve a la vida normal?... como si sólo se tratara de levantarse a la hora de siempre, prepararse un café e ir al trabajo... mi vida normal tiene que ver con encuentros, con lugares, con calles, con cafés, con personas, con libros y librerías, con tragos, con largas conversaciones o largos silencios compartidos... ¿cómo se vuelve a la vida normal en una ciudad que grita todavía de dolor y de espanto?... ¿cómo se vuelve a la vida normal si nuestros mapas, nuestras geografías son todas "zonas cero"?... ¿qué aplicación me lleva a esa esquina que ya no existe, a ese parque convertido en centro de acopio, a ese café ahora en ruinas donde nos encontramos  apenas la semana pasada?... los otros, esos otros que son mi vida, se rompen todavía las manos y el alma para rescatar a esos otros que también son nuestra vida, porque saben que ese café, esa esquina, esa calle y nuestras vidas sin ellos, ya no serán las mismas...

Tercer Sorbo

… —en este momento estamos ingresando en territorios del sateluco… por su seguridad les sugerimos permanecer en el vehículo con las ventanillas cerradas…

… —el sateluco es una criatura  geográficamente damnificada que vive en  un gulag suburbano en el que otras especies no prosperan y no incursionan por propia voluntad…

… —las criaturas que habitan  más allá de la frontera imaginaria establecida en una también imaginaria plaza de toros, consideran peligroso aventurarse en dichos territorios… el aislamiento ha hecho que a lo largo de los años, evolucionen en estas remotas tierras extrañas especies, como ocurrió en Madagascar, en Australia o en las islas Galápagos…

… los satelucos son homínidos sociales -casi siempre-, que regularmente viven en grupos familiares de hembras con sus crías y un macho no necesariamente dominante, aunque muchas veces, sobre todo hacia el final de la semana, se puede ver a hembras y machos adultos reunidos en grupos separados…

…existen cuatro subespecies conocidas: … 1) el sateluco meridional: vive más cercano a la frontera y es el más aceptado por sus vecinos de la ciudad con quienes comercia, coexiste y a veces se aparea…

…2) el sateluco central o puro: es el sateluco por antonomasia… él y sus ancestros son los habitantes primitivos de la zona… es profundamente territorial y sale de Satélite sólo en situaciones extremas…

…3) el sateluco septentrional o profundo: es el que habita más allá de Satélite… segregado por los satelucos septentrionales y centrales, rara vez se mezcla con ellos aunque se mimetiza a veces con mucho éxito… hay quien lo considera una especie totalmente diferente…4) el sateluco tránsfuga: es aquel que ha logrado mimetizarse exitosamente en los territorios vecinos de la ciudad… reniega siempre de sus orígenes satelucos, reacciona violentamente ante la presencia de un sateluco central y se opone activamente a mezclarse con los satelucos septentrionales…

… el sateluco se mueve en manada y se le encuentra sobre todo en los centros comerciales –endémicos de la zona-, y/o en su automóvil intentando salir o volver a Satélite… el sateluco tiene bien delimitados sus territorios y establece madrigueras permanentes, pero dado que sus fuentes de alimentación quedan casi siempre  a muchos kilómetros de distancia, emprende grandes migraciones similares a las de los Ñus (Connochaetes Alcelaphinae) en las áridas planicies del Masái Mara…  estas migraciones son cíclicas y duran en promedio 12 horas, es decir, que un espécimen que sale de su madriguera a las 7:00 am, normalmente intentará volver a ella alrededor de las 7:00pm…. se piensa que el constante trasiego de individuos ayuda a evitar la consanguinidad y a seleccionar a los ejemplares más fuertes y resistentes para la reproducción…

…hay momentos y épocas en que resulta muy peligroso incursionar en el territorio del sateluco porque es una especie propensa al frenesí… durante las horas del día en que las crías salen de sus centros educativos el sateluco reacciona con excepcional agresividad y se producen a menudo violentos ataques…

… le sugerimos mantener las manos dentro del vehículo y no alimentar a los satelucos…

 

El Poso de Café

...si es fácil malinterpretar un mensaje, imagínate un silencio...
…Atte: El malinterpretador…

 

 

Palabras de Jorge Boccanera en recuerdo del poeta Saúl Ibargoyen, recientemente fallecido

Se nos fue un hermano y compañero apenas comenzaba este 2019, mientras armaba algún proyecto para sumar a su extensa y variada obra literaria. El 9 de enero falleció Saúl Ibargoyen Islas, uruguayo con una larga vida en México, tierra que lo acogió como exiliado. Poeta, narrador, periodista, crítico literario, traductor y coordinador de numerosos talleres literarios, había sido homenajeado en 2018 en un Festival Internacional de Poesía realizado en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, donde escritores llegados de diferentes latitudes desglosaron Palabra por palabra –como tituló a una de sus muchas compilaciones- una obra marcada por una búsqueda estética en la que lo formal va del brazo de una mirada lúcida e indoblegable sobre el acontecer social de nuestra América. Esa vasta producción ya había sido elogiada por autores destacados como José Saramago, quien señaló sobre la novela Toda la tierra: “En verdad, hoy no son muchos los escritores a quienes el hombre real, interese tanto”, mientras Juan Gelman se refirió a los textos de Basura y otros poemas como “versos sorprendentes y hondos” dentro de “un lenguaje de limpidez espléndida”.

Leí la poesía de Saúl antes de conocerlo personalmente. Fue, por medio del poeta bonaerense Oscar Raúl Fernando García, quien mantenía correspondencia con el oriental. Cuando el exilio nos reunió en 1976 trenzamos una férrea amistad que duró 42 años en los que compartimos redacciones de diarios y revistas, la coordinación de varias antologías de poesía latinoamericana, viajes, cantinas, y sobre todo un diálogo constante, que si bien tenía un eje en el plano del pensamiento y la creación, nunca estaba exento de informalidad y de humor. Sobra decir que de ese diálogo que a veces se convertía en debate de ideas, siempre salí favorecido por la erudición de Saúl, inficionada por su experiencia política y su arraigo en la “cultura popular”.
Fue un poeta que amasó su obra con sueños y sangre. Un poeta que amasó su obra con indagaciones a fondo de lo humano, tal cual lo hicieran grandes poetas latinoamericanos, empezando por César Vallejo. Eso significa Saúl para mí, un maestro que a través de la amistad, destilaba sabiduría.


El pasado año cumplió sesenta años su libro El otoño de piedra, considerado el primer título donde cobra espesor su voz; lo abro al azar como suelo hacer cuando quiero mitigar el sinsentido y un verso suyo que me interroga (“a quién debo mi sangre”) basta para devolverme la esperanza. Es el poeta que intuye que su voz es un modo de sentir, es furia, es amor y reclamo; en suma, es “sangre” que circula más allá de los sonidos y las palabras.
Alguna vez escribí que uno de sus títulos, Poesía militante es la metáfora del hacer consecuente del poeta, aquel que realiza, a mi entender, la entrevista más a fondo a una realidad que contiene a la imaginación. Así, Saúl interpela a la realidad en distintas exploraciones estéticas que bucean en temas como el tiempo y lo efímero, la figura del padre, el tembladeral de una errancia continua, las ciudades caóticas y la humedad de un eros siempre a tientas sobre la página desnuda; pero por sobre todo la lucha por la dignidad, por la justicia.
Se acaba de ir un amigo, un autor y una obra que, desgajada en varios géneros -poesía, novela, cuento, testimonio, ensayo, crónica periodística y literatura infantil- se alza como una enciclopedia del desgarro; con su visión nada complaciente y con preguntas que nos abisman en ese “barro confuso” que el poeta no deja de escarbar.

 

Las palabras que recoge de un amasijo de tierra, hablan del despeñadero diario, pero también de una idea de comunidad basada en lazos solidarios, de reciprocidad y justicia. Hermano, compañero, cuate, gracias por tanta vida compartida

Jorge Boccanera

 

Por Indran Amirthanayagam

 

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Los chapulines saltan todavía en las calles

y el Tule ha pasado ya mil quinientos años,

y no sé en qué rincones y riñones de este

cuerpo extenso de la tierra has estado

 

caminando pero ya no hay remedio. Se dice

una vez que has comido un chapulín, estarás

regresando hasta tu entierro. Aqui escribiste

Árbol de la Muerte. Aqui te esperan

 

los carpinteros de la funeraria y los artesanos

de Arrazola. La tumba sera una fiesta de alebrijes

en rojo y azul y al lado del cadaver pondremos

jarras de arcilla, una cantera verde, la revista,

 

y unos versos escritos en la solapa de un libro

que respira todavía en la biblioteca de tu amigo.

 

 c) 10 de abril, 2018

 

 

Por Indran Amirthanayagam

 

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Me pides un poema sobre un Completo.

Déjame ver si tengo lo necesario a mano,

digo, un hambre de poca madre,

y una imaginación que cruza fronteras

arrancando pechos de palta y bulbos

de cebolla bañadas en mayonesa

y queso más blanco que esta hoja

llenando, y rápida, con los deseos

que guardo en mi sangre para

ti completo, sin nada de sobras

para mañana o pasado cuando

vuelvas a tu ciudad brumosa

al otro lado del continente.

Si, hablo a ti y de manera

absoluta y plena con manos

de grasa y ojos de yermas fritas

a la pobre, mi amiga completa.

 

dr) el 13 de junio, 2018

 

Por Indran Amirthanayagam

 

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Entre los pueblos autóctonos y otros fundadores de la relación simbiótica

entre asentamiento y naturaleza, ciúdad y campo, cocina y insumos,

mujer y hombre, ciego y vidente, yin y yang, noche y día, ya, basta.

Entiendo el ritmo de las corespondencias. Vamos a romper huevos,

vivir bien, en paz con el vecino. Pero tenemos que dejar nuestras armas

en una caja de seguridad en algún banco popular, del pueblo. De acuerdo?

 

dr) el 8 de mayo, 2018

 

Por Indran Amirthanayagam

 

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Hablar con la mente en otra parte, en la conversación

si en linea, con los dedos y el intercambio de lo cotidiano,

pero pensar igual en su conversión en versos, cómo

el hablar será transformado en algo permanente,

si versos pueden ser esculpidos en una roca

que sobrevivirá erupciones y terremotos antes de caerse

en el mar para estar descubierto después de décadas,

un siglo, por un buceador de tesoros en aquel futuro

sustentable donde te encontrará a ti, escrita en la piedra,

a veinte mil leguas bajo de las aguas. Tú, que cantaba

desde pequeña, montada en la silla de tu cocina

con tu abuelita a tu lado, y tu mama, maestra

en la escuela de la esquina, con la ventana abierta,

que te escucha y dice a sus alumnos, a los otros

maestros, a la gente que camina en la calle:

escucha esa voz, es mi hija que canta.

dr) el 20 de julio, 2018

 

Desde la hamaca 

(Columna)

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Por Mercedes Alvarado

 

Nadie quiere ser el viejo que sigue yendo al bar. O sí. Yo quisiera, sí, ser la vieja que va a comer a la cantina los sábados con los otros viejos, y seguir hablando de poesía, y seguir contándonos la vida. Quizá para entonces las historias se nos hayan terminado y empecemos a repetirnos exactamente de la misma manera en que nuestros abuelos se repetían -y se magnificaban- a través de su propia memoria.

Ángelo Nestore se mira -y nos mira, a todos- en este deseo de ser el viejo que sigue yendo al bar. Ángelo se mira desde el niño que es hacia el niño que fue, hacia el niño que seguirá perdiéndose en el bar por no tener niños que lo cuiden.

Hay en su poesía una voz bajita que nos habla de un pasado que no será, de todas las imposibilidades que nuestras propias decisiones han forjado. Un viejo que se pierde frente a la nevera, con ganas de pedir otra copa, o un joven que sigue deseando lo que le ha sido negado.

 

 

De cuando me equivoqué de bar

 

Yo soy de esa clase de amigos

que siempre pide otra ronda en los bares.

No tengo hijos,

soy el hijo único de una dinastía de bastardos

que se llena el estómago y se autodestruye.

Mis amigos, sin embargo, son padres,

de esos que buscan una excusa para volver tarde a casa,

siempre me invitan a otra,

nunca quieren que me vaya.

 

Ellos me miran y cien veces

me cuentan cien veces lo difícil que es

la suerte que yo.

Ellos no ven las hormigas que trepan por mi pierna,

no las ven.

Beben tiempo con su boca de padres,

tragan tiempo con su saliva de padres

y yo me vuelvo cada vez más pequeño

y sus hijos cada vez más grandes.

Y con cuarenta, con cincuenta,

volveré al mismo bar de la esquina

y entonces los que hoy son niños se preguntarán por qué

tantas hormigas en mi boca,

por qué el amigo de sus padres se sigue creyendo joven.

Con cincuenta, con sesenta,

quién me llevará a casa,

quién guardará mis huesos bajo las sábanas.

Con sesenta, quizás, con setenta

quién contestará a mis preguntas,

quién me dirá lo difícil que es,

la suerte que yo

cuando un día me confunda y pida otra ronda

frente a la sola luz de mi nevera.

(Del libro Actos impuros, Ediciones Hiperión)

 

 

Carta a un padre

 

Me enseñaste que para vivir debería:

deglutir, apretar los dientes, morderme la lengua.

Dejaste la camisa tendida, la camisa tendida, papá.

Para ti todo era attrezzo, la corbata planchada,

mi nudo en la garganta.

La caricia. Esta mano de niño era una caricia:

ayer la palma abierta en la mejilla,

hoy el destierro dentro de las uñas.

Para curarse basta con leer el prospecto:

por si las náuseas, por si el temblor, por si el ojo cerrado.

Cuando lo tocas, un crisantemo tiene la textura de la carne humana.

Eso ya no importa.

 

Ahora me pongo tus camisas.

Ahora todo el peso de las pinzas

sobre mis hombros.

(Del libro Adán o nada, Bandaàparte Editores)

 

Ángelo Néstore (Lecce, 1986), nacido en Italia y malagueño de adopción. Es poeta, actor y profesor en el Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Málaga, además de docente de chino mandarín. Ha defendido una tesis doctoral sobre Traducción del Cómic y Teoría Queer. Actualmente dirige el Festival Internacional de Poesía de Málaga Irreconciliables con Violeta Niebla y la editorial de poesía feminista La Señora Dalloway junto a Carmen G. de la Cueva y Martín de Arriba.

En 2017 publica su primer libro de poemas escrito en 2015, Adán o nada (Bandaàparte Editores). En el mismo año, obtiene el XXXII Premio de Poesía Hiperión con Actos impuros (Ediciones Hiperión). Su obra poética ha sido reseñada en periódicos y revistas como El País, ABC o Mercurio, entre otras.

 

 

La revista realiza este pequeño reconocimiento a Saúl Ibargoyen, mas allá de su reconocida valía creativa, como poeta, narrador, ensayista y crítico social, Asimismo, pues fue un colaborador constante con nuestra publicación, nos acompañó como traductor de poemas del portugués, la entrega de poemas de su propia creación, a lo largo de estos 30 años y la colaboración de enlace con escritores de diferentes partes de nuestro continente.., Fue y es parte activa de la difusión literaria de Blanco Móvil .

Eduardo Mosches

EL ESCRIBA QUE NUNCA SUPO MORIR

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DE DÓNDE SOS SAÚL

El poeta y maestro chiapaneco Roberto López Moreno escribió al conocer el deceso de su colega: “Ayer miércoles 09 de enero de 2019, falleció en la Ciudad de México el poeta Uruguayo-Mexicano Saúl Ibargoyen, luchador por las causas justas en América y en el mundo.”

 

TANGO PARA SAÚL IBARGOYEN

Domador de distancias
tu paso ha caminado
por la tierra del hombre,
que se ha vuelto tu paso.

¿En dónde está tu casa?
Estará siempre al lado
del camino que traza
compañero y hermano.

De donde sos Saúl
de todas partes
en donde posen el pie 
los caminantes.

De donde es esa luz,
la que compartes
entre tus versos 
de cerebro y corazón.

Poeta generoso
de poemas alados,
luna y sol del camino,
norte y sur decantados.

Hoy quiero saludarte
con las riendas de un tango.
Ibargoyen, hermano
que renace entre cantos.

De dónde sos Saúl
de todas partes
en donde posen el pie
los caminantes.

De donde es esa luz
la que compartes,
entre tus versos
de cerebro y corazón.

Bandoneón de bacanes,
de garufas de otarios
que se espiantan fayutos 
porque vos sos el tango.

 

R.L.M.
México. América.
09 de enero de 2019.

 

 

MI ÚLTIMO ABRAZO A SAÚL

Francesca Gargallo

enero, 2019

Su hija Itzel me escribió el lunes por la mañana algo así como “o vienes a despedirte del poeta o ya nunca más podrás hacerlo” y yo me lancé a la casa donde Saúl Ibargoyen vivió los últimos 20 años de su vida con el último gran amor de su vida, Mariluz Suárez.

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Recibí el mensaje mientras estaba en Ciudad Nezahualcoyotl, leyendo una tesis de un joven amigo; es probable que aprendí de Saúl a estar siempre dispuesta a a leer a los más jóvenes, a escucharlos, a reconocer su fundamental importancia para la literatura. De ahí me lancé a Coyoacán cambiando tres metros y una pesera porque de Saúl yo recibí afecto a lo largo de casi cuatro décadas, así como enseñanzas y mi inserción en el mundo literario mexicano. Fue el primero que me publicó un artículo y que insistió en que siguiera escribiendo literariamente a pesar de estar estudiando una maestría y trabajando.

Saúl ha sido mi amigo por 38 años, a veces tan cercano que, según algunos de nuestros amigos de Plural, fuimos pareja, por ahí de 1981-1982, en otras ocasiones más distanciados, pero nunca distantes, nunca sin interés uno por el otro, cuidando nuestras letras y nuestras emociones. Recuerdo muchos momentos de la vida de Saúl que no fueron sólo literarios, la operación de trasplante de hígado de su hija Itzel a los 18 años, por ejemplo, cuando caminaba de un punto a otro de un cuarto y me hablaba de ella como “una mujer fuerte” para no llamarla niña o hija u otras palabras que la disminuyeran. Le aterraba que viviera una vida rodeada de medicinas, estaba luego muy orgulloso de cómo asumió su salud. Supongo que una de las últimas alegrías de su vida ha sido saber que estaba embarazada.

Recuerdo igualmente otros momentos fundamentales en su vida: su decisión, primero, de volver a Uruguay al final de la dictadura y, luego de ocho años, de retornar a México, su país de elección y amor a la vida. Era un hombre dual, un pisciano, un poeta comunista, un latinoamericano con heterónimo árabe, un amante de la literatura al que le devoraba seguir escribiendo, un narrador que elevó los lenguajes fronterizos a la novela. Era un ser dual, quizás en eso residía también su pasión por México: muchas veces revisamos literatura acerca de que en estas altas tierras del Anáhuac, las divinidades eran mujer y hombre, vitales y mortíferas, diurnas y oscuras y se regían por la regla de que todo es dos y sólo se piensa si se dialoga.

Nunca fue mi maestro, debo ser una de las pocas amigas suyas que nunca fue su alumna, pero fue un guía y uno de los primeros hombres de mi vida que no me trató con displicencia o con la arrogancia masculina del escritor ya famoso hacia una joven que inicia. Lo he visto en muy pocos hombres, quizá sólo en Eduardo Mosches con mi hija, a la que quiere porque la conoce desde que la tomó en brazos, pero que respeta como joven narradora.

Compartimos los momentos de trabajo y entusiasmo por las revoluciones centroamericanas, nunca entendió la radicalización de mis posturas feministas, en particular mi opción por la autonomía, temía que perdiera la sensualidad de la vida y el trato con el mundo. Por el contrario, fue de las personas que entendió con más sensibilidad mi crisis de producción literaria, en los años en que trabajé en la UACM y  los inmediatamente sucesivos. Creo que fue la única época en que sintió pena por mí. Se compadecía de mi crisis creativa, pero no me dejó sola. Nos vimos algunas veces en un café de Coyoacán y me dijo en una ocasión que lo que más deseaba era que le dijera que había vuelto a escribir. Me faltó tiempo para contárselo.

En fin, un pilar en mi vida, el querido Saúl Ibargoyen que nos dejó el 10 de enero en una Ciudad de México más caótica que de costumbre por la falta de gasolina. José Angel Leyva había decidido hacer un programa de radio en la Secretaría de Cultura de la ciudad dedicado a su producción  poética y yo llevaba en el morral algo así como 15 libros suyos (apenas una probadita de su inmensa producción) cuando el tráfico provocado por la crisis de abasto de combustible en la lucha contra el Huachicoleo me impidió llegar a San Ángel desde la Santa María la Ribera. Chin, el Metrobus mismo, a pesar de su carril especial, no se movía.

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Saúl seguramente fue un pilar en la vida de muchas otras personas, tuvo una constante actividad de tallerista, redactor, poeta, conferencista. A lo largo de cuarenta años me he encontrado con alumnas suyas, mujeres y hombres como Juan Carlos Castrillón, que me han revelado que gracias a él nunca cayeron en una poesía sin más sentido que el orden y la asonancia de las palabras.  Igualmente conocí a alumnas suyas que pudieron concienciarse sobre su cursilería gracias a que Saúl ejerció con ellas una ironía falta de agresividad, casi amorosa.

En menos de dos meses, perdí a dos grandes amigos de vida y de letras, mi amada Aralia López, maestra feminista, poeta casi minimalista, y a Saúl, a quien llamaron con cierta sarcástica mala leche “la coneja de la poesía uruguaya” (él se reía mucho del apodo, que en el fondo le gustaba) por su enorme producción. Vivir es también un constante aprendizaje de desprendimiento.

 

¿DÓNDE CABE LA LUZ?

Angélica Santa Olaya

13 de enero, 2019

Hace dos años, el director del taller Juntaversos, Juan Carlos Castrillón, organizó una lectura en un café, de Miguel Ángel de Quevedo, para festejar al maestro Ibargoyen. La esposa de Saúl, Mariluz Suárez, me habló por teléfono y me dijo: “Por favor atenta en la esquina con tu maestro porque va caminando con un maletón lleno de libros. No quiso que yo lo acompañara. La maleta pesa mucho.”  En esos momentos su salud estaba, ya, muy deteriorada, pero se negaba a detener el paso. Le costaba mucho trabajo caminar. Y sí, llegó al evento con una maleta llena de libros para todos. Él, que debía ser el obsequiado, nos obsequió a nosotros. Dar lo hacía feliz. Quienes tuvimos el privilegio de gozar de su amistad y sus preceptos conocemos la cabalidad de su paso y la profundidad de su sentimiento y pensamiento; cualidades que imprimieron a su obra la universalidad y la trascendencia de las cosas que no mueren.

El 9 de diciembre del 2018 tuve la fortuna de ir a visitarlo y encontrarlo despierto y dispuesto luego de aciagos días de enfermedad. Platicamos de literatura, de poesía, de política y del homenaje que le estábamos preparando para enero. Le gustaba conversar de política, de poesía, de futbol y de las cosas simples que habitan la cotidianidad. Hablamos del momento coyuntural que vive México.  Su voz creció, a pesar de su frágil salud, para ensartar mi atención en la aguja con que tramaba, magistralmente, el delicado hilo de la reflexión. Gran conversador de sencillas palabras y hondos temas nos advertía en cada encuentro que el camino no tiene más reserva que la necedad del arrojo y que lo esencial es intangible y está libre de encierros y certezas.

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Estaba muy emocionado por su próximo homenaje y le pidió a Mariluz ir en su representación pidiendo al enfermero que fuera a cuidarlo. Ese día lo disfruté, lo abracé, lo besé –con el permiso de Mariluz- sin saber que sería la última vez, le dije cuánto lo quería y él me entregó un ejemplar de una publicación de haikus de Mishiko Hado y una bolsa llena de libros suyos para regalar el día del homenaje a los asistentes. Al final me mostró uno de sus últimos libros publicado en Francia, bilingüe. Estaba muy contento por esa publicación. Más tarde, Mariluz me llamó para decirme que el poeta se había quedado muy contento y que mandaba decir que se cuidaría mucho para poder estar en el homenaje “Presunta Semilla” aunque fuera en silla de ruedas. Me emocioné mucho sin intuir su veloz partida.

Por todo esto, hoy, luego de caminar con un pequeño sobre en la mano, conteniendo un poquito de sus cenizas para colocarlas en algún lugar de Coyoacán -tal como él lo dispuso haciéndonos partícipes a sus alumnos y amigos de sus últimos momentos materiales en la tierra- no sabía dónde ponerlas. Entre titubeos encontré a Marielle. Le informé que había llegado tarde a la repartición de sobrecitos. Su gesto entristeció, así que abrí mi sobre, corté un pedacito del mismo papel y vacié, ahí, la mitad de las cenizas con la seguridad de que Saúl nos miraba y sonreía.  Caminé algunos minutos sin saber a dónde dirigirme y ningún lugar me parecía digno ni adecuado. ¿Qué lugar es el mejor sitio para la Luz? ¿Dónde cabe la Luz? ¿Cómo separarse de la Luz? ¿Cómo abandonarla? Y de pronto recordé que él no era de ningún sitio y así nos lo hizo saber hasta el último momento dejándonos elegir, a cada uno, donde ponerlo. Diciéndonos, por última vez, que lo que decidiéramos estaba bien. En su última encomienda estaba la libertad que tanto buscó por sobre todas las cosas. Comprendí que, en realidad, mi indecisión era un pretexto para no dejarlo ir. Él fue de todos los lugares, de todos los pasos, de todas las huellas, de todos los aires y aguas del mundo. Él fluyó y nos estaba dejando fluir libremente aún de su mano, pero pidiéndonos, también, la Libertad. Una mata de arbustos verde limón me llamo con su viveza y ahí lo deposité para que fuera, nuevamente, en esas raíces y renaciera como una hoja tierna y luminosa otra vez. Para que continuara su vocación de semilla en una sencilla joya que embellezca el mundo con su transitoria y, a la vez, perenne existencia. Rocié con su amorosa partícula la tierra de todos los otros por los que él siempre habló levantando la pluma y dije: “Gracias, hasta pronto”.

Quede el terco memorial de su obra como ese vuelo que, en compañía de la alada presunción de la semilla, parece cantarnos su epitafio desde donde ahora se encuentra soñando la muerte:

Viajero lector no busques aquí las palabras:

siempre estuvieron en otro lugar…

¿O es que pensamos enseñarle al sol cómo se hace un hilo de sombra?

 

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CON AMOR Y AGRADECIMIENTO

Hasta el reencuentro

 

 

 

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