Por Ramón Javier Ayala Martínez

 

1

En 1914 bajo el soplo de escorpio di mi primer llanto
aturdido con los ojos sangrantes
Yo
John Berryman
fui abatido durante el trayecto a la vida
esto sucede ante la hora maniática
me inclino sobre el aura
anhelando quedar en el infinito
carcomido por los doce pasos de la parca
Vago entre el laurel incurable de la existencia
la pérfida agonía me consume
Callo sobre los estrechos de la manía
me impulso por el vértigo de la pesadilla
nada me importa
Resido con los gérmenes de la prosa maldita
el orfebre del pulso errático
Siento aguijones en las sienes
destrozado paria a su funeral
el estridente con la vida me ahorca
En un sin fin de llamaradas en las venas
la esquirla con la furia
las mismas heridas prófugas están conmigo
el crucifijo se inserta en el pecho
las perforadas ensoñaciones de vigilia perpetua
el agotamiento del todo
en la perdida aurora del adiós
el cónclave en la sedienta mañana
el declive con el corazón
el perpetuo extravío fuera del espíritu
las manecillas se inclinan casi al final del día
durante un largo trayecto
tenía 10 años mi padre se suicidó
yo sería el primero en encontrar el cadáver
A partir de ahí una rabia inaudita me persigue

 

5

Este día vas a dejar cenizas al río de los recuerdos
las flores que se doblegan en el fuego luctuoso
la lumbre con los años podridos
no era la historia trastornada ni la de feroces pupilas
los oscurecidos bajo el resplandor del polvo
la lujuria condenada a la vida
Venga el rayo con sus ganchos de odio
el enigma de la centella
una promesa jamás cumplida
Vengan también los demonios con sus estridentes
la locura es una forma de anhelar lo desconocido
en la fugacidad de la ánfora muerta

la vehemente tumba de los trastornados
con la oscuridad de los príncipes desollados
Brota el poder enigmático de los miserables relegados
la hoguera con el decálogo del maldito
los cementerios con sus esqueletos triturados
los sueños que van y vienen en un trivial sacrificio
y los sacrificios que elevan las
almas más derruidas del monasterio
en el resplandor de la tragedia
Llamo a los incinerados con letanías y profundas heridas en la memoria
también a los miserables que corrompidos sueñan con su mito
A lo lejos sólo se escucha un himno a los desamparados
Inaccesible es la profunda alegoría que se encalla en el hálito
otra soledad más profunda y coartada
nada se opone a esa mueca brutal que siega mi cosecha
nada es lo que debería ser

todo rencor se almacena en mis latidos

 

10

Pero de alguna manera el halo cercenó la soledad
quedaron las ilusiones en la herida añeja del degüello
quedó la bondad inconsciente del dipsómano
la manía con la voz del inmune desafío

No soy otro sólo aquél que renuncia al atardecer sacrificado por la ordalía
al que en lugar de dibujar la fugacidad del bullicio centellea la escafandra de la noche
El visitante que nombra la belleza de los incautos y repudia las lápidas de los maestros
Llámese palabra de desconsuelo a la discrepante oscuridad de los antepasados
la proximidad de un otoño en llamas y la figura reluciente de Minerva
el fugitivo resplandor en el concilio de las sombras
la tenebrosa comedia con el oscilante destello
Eso ha venido a contrastar el tumulto del desesperado con las antiguas
hogueras del pasado
la nostalgia del alma con una cruz de carbón en los altares de Noviembre
ya no hay otro nicho sólo aquel que se desliza sobre los cráneos de los agónicos
ya no hay otro lugar sólo el de la imaginación que aborrece un primer aliento
Hay un caducado espectro que no olvido
un furioso enigma que escala en la memoria
de vez en cuando repican las catedrales fúnebres
el ruido del apocalipsis cerca de la imaginación y expulsando las
tenebrosas apariciones de los enamorados
deseche todo lo que tenía
en realidad no importa si eres Poeta
yo siempre me aferré
a la idea de morir en las auras de la degollación
en las canteras putrefactas del delirio
sobre el silencio de la resaca
No soportamos envejecer pero envejecemos nuestras diferencias se suman.
Nuestra piel se endurece o se marchita se altera

 

14

La herida del fallecido sobre la nota póstuma
Los iluminados con sus amantes en la enajenación
No tengo otro céfiro que el vaho latente del odio
en el repiqueteo reblandece el furor del alba
uno tras otro se rompe el crisantemo del desprecio
la noche y el día abdican su tétrica sinfonía
ahora el vacío forma un antecedente de ansiedad
La misma historia ahora es dicha por los decapitados y por los asesinos
el mismo dicho de la tragedia con su inevitable rabia
He repartido los trozos de mi vida entre destrucción y salvación
he dicho 77 para escapar de la metamorfosis
lo que termina en el misterio reluce la indumentaria de lo no dicho
A lo lejos se escucha la canción de cripta
el mismo paraje de nostalgia y de fértiles corazones
la tumba que disipa el oleaje de transfigurados infiernos

el que alza el aliento en decrépitas fisuras de la inmortalidad
y que se eleva sobre la tempestad prevista por los catafalcos
Puedo de este modo ver girar los cosmos sobre su circunferencia láctea
Arderás con la vaga sustancia de la brevedad
los campos con piel de animales extraños
Abdicarás el trono por la destrucción
llorarás al pie de la figura traslúcida de la sangre
Dicen que el odio resbala en la memoria y aturde la existencia
el páramo donde se congregan sombras disipadas en manos mortuorias
Has regresado como forastero a la madrugada como llaga en la vehemente herida
has convocado a miles de páginas de historia marchita
has convivido con las misas de la resaca del dolor
como un grave rostro de mil años
fallaría en manchar el aún perfilado reproche de lo Horrible
con los ojos abiertos atiende ciego
Todas las campanas dicen demasiado tarde. Esto no es para lágrimas
una manera de pensar

A qué lugar van a parar las oraciones que escuchan los herejes
a qué lugar irás a llorar la pérdida de la utopía
No serán las horas que se acrecienten sobre la nublada nota póstuma del futuro
aquí la pesadilla se cubre de demonios con resplandores nocturnos
aquí las fantasías han sido relegadas por el cosmos de la putrefacción y la
enajenación de los muertos
esa necesidad de volver al oficio de inmolarse y desintegrarse
(…)
Verás entonces el indescifrable sueño que cae con sus alucinaciones
las constelaciones se llenan de arañas tejiendo un roído firmamento
Ahora sé con certeza que estoy loco
porque aquí un millón de personas rabia con el tráfago
Esta no es una doncella
Ni yo podría tañer un junco si lo tuviera
Aniquilado sobre miles de palabras

el tormento llama y cercenas un recuerdo incrustado en el eco
la vereda se quema a lo lejos suena el repudio y el desorden
No más lágrimas sobre el destierro de la pérfida mañana
no más juramentos ante la maquinaria del ocaso
no más repudio a los lores del crepúsculo
Fatigado acariciarás en desdén la carótida del maniático
surcarás una ilusión de abatida frontera
como la sustancia de un cuerpo insomne que reposa en el frío hastío retórico
como la ráfaga diurna del sediento que busca el espíritu nublado
Acá los sueños son estremecidos por la carátula del fantasma
por la designación del extraño que agoniza sobre sus oráculos
Su cadáver es pesado
Sus cenizas no eran pesadas
El resplandor irrefutable del trastornado que lleva una vejez ardida e intolerante

sobre la alquimia de lo obsesivo
En ti el sufrimiento se arroja sobre el péndulo inmundo de la existencia
sobre las caricias que se rompen en el tejado de la imaginación
ese encargo innegable del infierno pidiéndote saciar las oraciones y la médula de
sus escritos entona la lengua muerta de la claridad sepultada
cuando la vida se transforma en una herida prematuramente abierta por un universo desarbolado de todo sentido transfigurador
Arropas el epitafio escarchado de cenizas venideras

el ardimiento de los caídos bajo penumbra de noches amoratadas
el pensamiento inmune de la ausencia y la desangrada divinidad de lo no dicho
el órfico deseo de descender por tu amada a los riachuelos infectos de una oscura creencia
Es hora de llevarte al infierno
es hora de poner latidos en la cripta
es hora de decir adiós y caer en la eternidad
es tiempo de llorar antes de que Henry se apropie de tus canciones del sueño
es hora de maniatar tus vicios y mutilar el pensamiento

el acróbata más fúnebre de la poesía norteamericana
una acrobacia autodestructiva
confundidos el victimario y la víctima
allí donde la contundencia de la muerte golpea con más fuerza
en la pérdida de toda certidumbre respecto a la vida como ocasión de plenitud o celebración
Llegó el tiempo de quedarse en la inmortalidad

en el epitafio de los desesperados
y la fe no es más que la sotana del pecado
las enmudecidas lágrimas descienden sobre el fuego
el camino del alcoholismo es la llegada más dulce con la muerte
las sílabas que rodean al aliento son el epígrafe a lo inmortal
Duerme tranquilo bajo la seductora noche que te impuso la vida
La muerte como un premio al final de la existencia
Desterrado salto al río en 1972
Estás muerto pero no te has ido
Aquí yace John Berryman enemigo de la vida

 

Ramón Javier Ayala Martínez. Poeta, traductor, ensayista y guionista mexicano (Coyoacán, Ciudad de México, 1979). Becario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico (Pecda) Tlaxcala en sus emisiones 2007 y 2014. Autor de los libros de poesía Lsd (2009; reedición 2014); Ixtab (2013), Deceso de la sangre (2014) y Arden los crepúsculos bajo el manto de la noche (2015). Con el libro La inmolación de Berryman obtuvo el premio estatal de poesía Dolores Castro 2015 Tlaxcala. Aparece en la antología Poetas para el siglo XXI en España y en Arenas movedizas (ITC, 2016). Es locutor de radio en el programa Insania, la furia del metal en 386 grados. Sus poemas se han publicado en el Periódico de Poesía de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), en Círculo de Poesía y en la revista La Otra, entre otras. tiene inéditos los libros de poesía "LAYNE" , "CANTAR DE PESADILLAS" HOJAS DE TUMBA" y "SUICIDARIO" el libro de ensayos "YO SOY HENRY Y MI AMIGO EL SR BONES LAS OTREDADES DE JOHN BERRYMAN" y el cuento largo "DAGA CANINA" y trabaja en el guión de un largometraje basado en un cuento suyo junto a otros escritores tambien participó en el festival Latin American Poetry de Nueva York entre otros festivales dentro y fuera de su país.

 

Por Mónica González Velázquez

 

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La bruma se dispersa

 

Y si alguien me pregunta quién soy, le diré:

soy quien fluye del río al mar

a las orillas de una costa sin nombre

donde un reino se erige

las naves se incendian

la bruma se dispersa.

Soy unas manos

que lentamente sueltan las amarras

en el estandarte de los náufragos.

Soy un cuerpo fragmentado

ola espiral en danza rota.

Soy la voz que nunca fue

en el silencio húmedo de unos labios.

Soy todo lo que dicen acerca

de un par de maletas y zapatos de viaje para la travesía.

 

 

 

Crónica de las horas que ya no son

 

Acá me trajeron mis sueños

el brillo de una mirada sin palabras.

Sostuvo su canto mi golondrina

y en vuelo de alas rotas -cruzó el mar-

En la impronta de mi sombra en los caminos

iniciaron mis pies una danza desconocida y sorda.

Me despojaron de toda buena voluntad

sólo las marismas del Odiel

y la remembranza de su vaho

dan cuenta de mí

en una tierra

donde la luz proviene de un faro sin vigía.

 

La danza del colibrí

 

Golondrina de alas rotas, no vuela

pero baila la canción desconocida del colibrí.

De mí tendrás las horas acumuladas sobre la espalda

la cama blanca y el reino de los infantes.

Ave-ballena, no vuela

pero trastorna los sueños de Magritte.

De mi tendrás las tardes sobre la almohada

y un lugar cálido en la palma de mi mano.

Chimpancé de ojos tristes, no vuela

pero ejecuta el Lunfardo de los que aman.

De mi tendrás la danza rota de los corazones sin vuelo.

 

Mónica González Velázquez (Ciudad de México, 1973), editora, artista visual y poeta. Han sido publicados sus poemarios: Tríptico de desamor, La luz y las sombras altas, Poesía reunida, Las cosas últimas, Gran mal, Glory box, Las eternas rutas, El misterio de los mundos vulgares, Breviario de la renunciación, Crónica de los días que ya no son (El quirófano ediciones, Guayaquil, Ecuador; antología 2001-2015) y El ruido del mundo. Su poesía ha sido antologada en México, España, NYC, Argentina, Ecuador y en La palabra transfigurada: cien años de poesía visual mexicana (CONACULTA-INBA, 2014). Becada por la Agencia Internacional de Cooperación Española (2010). Mención honorífica en los certámenes anuales de poesía en Badajoz y Alicante (España, 2010) y en el Premio Internacional de Poesía Visual de Badajoz (España, 2015). Ha expuesto de manera colectiva su poesía visual en el Museo de Arte Contemporáneo Argentino, MACO y en la Diputación de Badajoz (España).

Sal de alacrán, y lo que le sigue

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Por Mercedes Alvarado

 

Hace apenas unos meses salió a la luz el poemario Sal de alacrán, de León Cuevas (1984), que es un recorrido por el concepto que tenemos de religión / espiritualidad / deidades contado desde la óptica de quien va peregrinando de lo más cotidiano a lo más divino.

El libro, que inicia con el ‘Camino al mercado de los brujos’, insiste incisivamente en las diferencias que nos han sido marcadas por la educación religiosa y los tonos de la piel, lo mismo que fantasea con una gran fiesta en la que conviven Changó, Krishna, Alá y Odín.

Después del ‘trance espiritual’ que significó para León la confección de estos versos, y según cuenta él mismo, se han abierto rutas para un nuevo proyecto que arranca en el mismo punto de partida, con el Regreso al mercado de los brujos, cuyo primer canto nos comparte el autor este domingo, para hamaquearnos en su lectura.

 

Regreso al mercado de los brujos

Canto l: un viernes fue martes

En aquel sitio

el único lugar

donde se puede percibir

que la tierra

tiene dos lunas,

si al fondo

de sus laberintos

sales y contemplas

y el cielo está cuarteado

es púrpura,

la atmósfera

es como clara de huevo

si eres tocado por un brujo

la puedes tocar,

una vez que entras al mercado

vas a volver

aunque digas que no,

eso me dijo anoche

mi nuevo espíritu guardián

él huele a caño

huele a viernes

a sudor ameno

a noche de estepas

a un descanso materno

de viernes

al filo dispuesto

que taja a la noche

un viernes

de mirar al cielo

de respirar

la dulce avena

la leche de cebada

el jugo de albaca

en una plaza vendaval

afonía simultánea,

mi espíritu guardián

tiene risa de sátiro

me mira en cuclillas

todo fin de semana

sentado a la orilla

caballera

taciturna

tan silenciosa

cantándome

sonetos de cuna

que develan

que la orilla del mundo

es la esquina de mi patio

se columpia

el fin del mundo

que para dejar

que crezca

de nuevo el pasto

hará falta

aplanar el ángulo

en el que se mece

el lado derecho

del mal

y el lado zurdo

de la razón.

Mi espíritu

guardián

es un ajolote

de viento

medita

con ojos

de sabana

sumerge tiras

de su piel

al agua

crece en su vientre

pasto sin floresta

flores de tosferina

un capullo de peste 

y sereno

me dice

que regresemos

que en el mercado

dejé algo

y un adagio

se hace oblicuo

un onírico insomne.

un martes

percibí un olor

distinto

tan inoloro

que fundí

un presagio

ni copal ni caño

ni avena con mezcal

ni una ebriedad tuerta

olisca a luces de bengala

percibí el aroma del vacío

y abrí al martes

en su diafragma

una línea punzante

salté un pasillo frontal

pasando de salto

saltando ahora

el viernes hoy

de la palma

me llevaba

depredado

me marinaba en salsa

a los ojos de las hienas

era carroña

de caramelo

jugo fresco de arterias

con canela

licor y almendra

mi espíritu nuevo

era Pandora

era Eurídice

era Vivaldi

era Jim Morrison

era Da Vinci

era un ajo

hediondo de niebla

olía a golosina

con humedad

de asfalto viejo

a madera moscabada

mi espíritu

era un terrón

de azúcar podrida

pálida negrura

que se incendió con agua

era una semilla

que a falta de riego

se mecía

mi espíritu

era heces de miel

y me daba la mano

fauno azteca

deambulando,

y yo con él

cocí un incendio

en mi abdomen

para ir tan veloz

como una llama

de leche condensada

para ir más rápido

que el sonido de la flauta

el despertar quimera.

El camino al mercado

era el mismo

y estaba distinto,

mi espíritu

se cubrió con un zarape

para meditar

un templado bosque

de su piel

me dijo en tropiezos

que le urgía

sal de alacrán

untada en su tristeza

al final del arcoíris

nos esperarían de nuevo los orishas

tan conocidos por mí

que tosían de amnesia,

mi espíritu

le quitó polvo al arcoíris

y caminamos

sobre su resbalosa

maleza de reptil

no debíamos dejar

que los colores

se cruzaran

o harían mal el amor los dioses.

mi espíritu

entra en trance

cada vez

que lo repito.

ayer olía

a jugo de titanio

hace dos

minutos

que sucederán

ya huele

a naranja

privada de resaca

p

e

r

o

al entrar al mercado

mi espíritu me dejó

entre los gatos

se sumergió

hasta desaparecer

entre

paredes nebulosas

se hundió

dejándome

en el núcleo

de

una

célula…

 

León Cuevas. (Pachuca, 1985). Estudió la licenciatura en Artes Visuales. Es egresado del Diplomado en Creación Literaria de la Sogem y actualmente estudia la maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm. Ha escrito notas sobre espectáculos, rock, poesía, cine y literatura en diversos medios. Autor de la obra teatral Las seis muertes de Ofelia. Sus cuentos y poemas han aparecido en diversas antologías. Ha montado seis exposiciones individuales y participado en más de veinte colectivas. Ilustrador y coautor de la novela Trampas de Agustín Cadena. Autor del poemario Sal de alacrán. Pese a que su trabajo más reciente se ha alejado un poco de las artes visuales y se ha inclinado hacia las letras considera que el hacer poesía es otra manera de seguir pintando.

 

 Por José Luis Domínguez

Foto mia de Libertad Villarreal

 

Neoclásico

El origen de todo es la ceniza,

es el barro, el lodo, y sin embargo,

envueltos en la niebla y en la prisa,

paradoja del sueño es el letargo

que nos va arrastrando por la vida,

sin saber quiénes somos, y sin suerte,

marionetas de trapo a la deriva

con la dulce nostalgia de la muerte

grabada en la memoria y la retina.

¿Quién habrá de salvarnos del espanto,

de los huesos inservibles, de la fina

molécula del polvo, de ese encanto

terrible que es la nada que nos jala

y nos cubre de tierra pala a pala?

 

CUATRO DÉCIMAS TRISTES PARA EDGAR ALLAN POE A LA MANERA DE LA DÉCIMA MUSA.

En la tumba de granito

que casi nadie visita

tengo contigo una cita,

Edgar, tu nombre está escrito

con cincel y con grafito

de ese que nunca se borra,

dejo que mi voz socorra

lo que el olvido reclama,

que la sombra de tu fama

se vuelva luz que recorra

lo que se sabe infinito.

Estas palabras y el verbo,

justo mi mayor acervo,

para decirlo en un grito:

qué es la vida: un relojito

que avanza a marchas forzadas

todas las horas pasadas

que se acaban, que nos pesan,

que nos duelen, terminadas,

como se termina un mito.

Tú, el de la dulce Eleanore,

a quien tú quisiste tanto,

a quien le causaste llanto

porque dijo “Nevermore…”

Dime, ¿es que acaso una flor

que ha sufrido, desdeñada,

no se vuelve desgraciada

por padecer desamor,

pronunciando “Nevermore…”,

aunque esté de amor callada?

¿Y qué destino es peor,

la desdeñada en su encanto

o el que vive en el espanto

de un mundo sacro de horror;

la que vive en el recuerdo

y por el recuerdo mismo

o el que acaba en alcoholismo

y que muere en Baltimore?

Yo soy el que ha de graznar,

después de un rato, a volar.

 

osé Luis Domínguez. Escritor polígrafo nacido en Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, 1963. Es promotor cultural desde 1992, cuando funda el primer Taller literario en su comunidad. Coordinó el grupo filosófico de los Neoexistencialistas y el taller literario “Scripta manent”, hoy llamado “Octavio Paz”. Ha coordinado los talleres literarios en las ciudades chihuahenses de Jiménez, Delicias, Guerrero. Ha fundado, coordinado y sido colaborador de varias revistas literarias del norte de México.

Libros: "Jonás", 1996; "Quinteto para un pretérito", 2000; "El jardín del colibrí", ensayo literario, 2002; el poemario "Los dedos en la llama”; crónica y memorias "El Barrio Viejo de mis recuerdos", 2006. El libro “Diez leyendas de Cuauhtémoc”, 2007. En 2008, la editorial canadiense Lettres des forges le publica “El amor es un tibio, tierno cuerpo de mujer” en francés y español. También aparece el libro “El amor destruye lo que inventa” en el sello de la editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México. Sus textos poéticos también han sido traducidos al inglés y al griego. En el 2009, la editorial veracruzana de Orizaba, Letras de Pasto Verde, le publica el cuadernillo de poemas titulado “Homenajes”. En el 2012, la editorial de la Benemérita Universidad de Puebla le publica el poemario “Palimpsesto”. En el 2013 publica el libro 12 Leyendas de Cuauhtémoc”. En el 2014 publica su poesía reunida “Los dedos en la llama”. En 2016 publica los libros “La otra historia de los menonitas”, “Manual de Poética para Universitarios” y “Dèja Vu y otros cuentos”. Desde hace ya varios años ha trabajado fomentando los cineclubs en varios cafés y restaurantes de su comunidad, además de ser el editor de los trabajos literarios de los alumnos del taller que coordina en su comunidad.

 

Por Mónica González Velázquez

 

 

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El inventario y la despedida

I

Miro el horizonte, desciendo. Un cielo rojizo tapiza la ciudad; tantas veces odiada–amada–odiada, y anhelo fugaz de quien jamás la haya caminado. En la periferia de esta fauce que engulle, mastica y digiere sin distinción; en lo más alto de la vida horizontal, habitan mis pertenencias: un libro a medio leer (entre el sueño, el ocaso y los turnos de espera), una vasta colección de síncopas intermitentes (voces y sonidos metálicos que dan vida al atardecer), una cama (donde a ciertas horas, los milagros son posibles y los pactos de paz han sido firmados, no hay hambre, enfermedad y los niños no son el blanco de ataques extremistas, y el que camina lo hace con el espíritu), una almohada (donde reposa la furia de tantos días de activismo combativo y el eco del grito libertario desde la selva), sábanas blancas (donde los ángeles copulan), una mesa con cuatro plazas, un lirio en su centro y espacio para compartir las viandas y el corazón; quien también consta en el inventario junto con un par de piernas que lo transportan y unas manos que lo entibian, un par de ojos que lo miran latir a pesar del horror y la sangre derramada –pero de eso estamos hechos principalmente: sangre, huesos, dolor– al lado del dolor habita la esperanza, un par de maletas, zapatos de viaje para la travesía y paisajes inimaginables en este sitio donde los caminos bifurcan.

II

Ahora que por fin te vas, déjame al lado de la carretera y con la boca por delante. Déjame con el bestiario que habita en mis sueños y mis hombres y mis mujeres y mi máquina de olvido y mi historia de familia y mis cuerdas en los zapatos y mis errores y mis pocos aciertos y mi voz cortando el aire, cuando ya nada es suficiente y sólo me consuela el Blues.

Déjame con mis afiches: Goya, Tapies, Bacón, Modigliani. Déjame con los vértigos de Miller y Gil de Biedma severamente enfermo, reposando en la mesilla de noche. Déjame con Luis Urbina: Llora y llora, con su amor como un pájaro loco, dando tumbos en la noche estrellada. Déjame con ansias, el piso alfombrado, los labios, el corazón apretado; mordiscos en la cavidad de la boca y unos labios blanquísimos sin nombre.

Pero sobre todas las cosas, déjame con mi dosis de realidad y un vaso de agua en la mano.

 

Mónica González Velázquez (Ciudad de México, 1973), editora, artista visual y poeta. Han sido publicados sus poemarios: Tríptico de desamor, La luz y las sombras altas, Poesía reunida, Las cosas últimas, Gran mal, Glory box, Las eternas rutas, El misterio de los mundos vulgares, Breviario de la renunciación, Crónica de los días que ya no son (El quirófano ediciones, Guayaquil, Ecuador; antología 2001-2015) y El ruido del mundo. Su poesía ha sido antologada en México, España, NYC, Argentina, Ecuador y en La palabra transfigurada: cien años de poesía visual mexicana (CONACULTA-INBA, 2014). Becada por la Agencia Internacional de Cooperación Española (2010). Mención honorífica en los certámenes anuales de poesía en Badajoz y Alicante (España, 2010) y en el Premio Internacional de Poesía Visual de Badajoz (España, 2015). Ha expuesto de manera colectiva su poesía visual en el Museo de Arte Contemporáneo Argentino, MACO y en la Diputación de Badajoz (España).

 

Por Mónica González Velázquez

 

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Romper huesos de paloma para hacerse escuchar

 

Estoy esperando una mejor ocasión

para elaborar un verso acústico

que me asista

Escribo:

En una vuelta de mi mano

se abre el mundo

los caminos buscan destino

el viento enrarecido contempla sus islas

la piedra es un puente que une continentes

pájaros de vivos colores transgreden sus jaulas

y en libertad sobrevuelan

no hay nichos

las deidades caminan entre los mortales

Canto a la ciudad lo que soy

asisto donde los hombres brindan

(no son nuevas formas de olvido)

yo también necesito saber que existe algo que se llama destino.

Un coleóptero hipnotizado surca la luz

la noche es capaz de aplastarlo todo

la brújula de mi mente gira

en el líquido que me aguarda.

Nunca por el fuego pasa la boca inadvertida

es un niño pequeño y frágil

en el intento de nombrar el mundo.

Aquí estoy

en la orilla del vértigo

barca, constelación y cartografía

línea que no cruzan los viajeros

el

corazón

de un árbol

soy

soy

 

 

 

Responsorio a Camus, desde el ruido del mundo

 

El otoño llegó

trajo sus esquirlas en el acuse del viento.

 

Tengo algo dentro de mí, empujando contra el mundo.

En medio del ruido del mundo, en medio del vaivén de las zapatillas

y el coro del mediodía.

Escribo en mi cuaderno, las notas mentales del día siguiente, en tanto pueda recordar

y tejer con mis manos una nube alta

para cubrir las maneras superficiales del otro.

El futuro me llega incierto.

Voy caminando a contraflujo.

Disfruto del viento.

 

 

Un día, escribí acerca de los giros

En una vuelta de mi mano se abre el mundo. Los caminos buscan destino. El viento enrarecido contempla sus islas. La piedra es un puente que une continentes. Pájaros de vivos colores transgreden sus jaulas y en libertad sobrevuelan. No hay nichos. Las deidades caminan entre los mortales.

Hoy no he resuelto todas las dudas en mi paso por el mundo ¿Quién se vuelve poliglota en un mundo que no escucha?, ¿Por qué vaciar es más fácil que llenar?, ¿Por qué me llaman trotamundos, si en mi habitación me extravío?, ¿De qué me construyo, si al caer todas mis partes se derrumban? Sólo el eco de mi voz me acompaña. Nada he respondido.

El giro de la historia debió haber sido otro: Este saber no sabiendo es de tan alto poder, que los sabios arguyendo jamás le podrán vencer.

Cuentan que Vallejo era como un pequeño Dios, similar al que lo parió un día. Descubro que ese Dios estaba tan enfermo como yo, y de ahí nació un Altazor. A la edad de Cristo me partió un rayo los hemisferios.

El giro de la historia debió haber sido otro: Soñar un libro espasmódico de hojas desprendibles.

Por siglos nos hacemos escuchar, la historia nos ha visto convulsionar y al agravio de su ignorancia, hemos sido sometidos a toda clase de experimentos.

El giro de la historia debió haber sido otro: Porque no tengo raíz, como un árbol, y por tanto no tengo raíz…

Y en este cause vulnerable, me exprimo los venenos de la ira porque me han llamado a contar mi historia. No soy yo, en la hoja existen verdades que no quisiera ser.

El giro de la historia debió haber sido otro: Ya que preguntas por el futuro, comprende que la vida es una rosa quemada por el azul del silencio. Por el filo multiusos en que el verso yace.

 

Mónica González Velázquez (Ciudad de México, 1973), editora, artista visual y poeta. Han sido publicados sus poemarios: Tríptico de desamor, La luz y las sombras altas, Poesía reunida, Las cosas últimas, Gran mal, Glory box, Las eternas rutas, El misterio de los mundos vulgares, Breviario de la renunciación, Crónica de los días que ya no son (El quirófano ediciones, Guayaquil, Ecuador; antología 2001-2015) y El ruido del mundo. Su poesía ha sido antologada en México, España, NYC, Argentina, Ecuador y en La palabra transfigurada: cien años de poesía visual mexicana (CONACULTA-INBA, 2014). Becada por la Agencia Internacional de Cooperación Española (2010). Mención honorífica en los certámenes anuales de poesía en Badajoz y Alicante (España, 2010) y en el Premio Internacional de Poesía Visual de Badajoz (España, 2015). Ha expuesto de manera colectiva su poesía visual en el Museo de Arte Contemporáneo Argentino, MACO y en la Diputación de Badajoz (España).

 

Por Linda Guiza

 

Peregrina

Escribo destino

y las letras caen como queriendo derribar un muro

tejido entristecido donde corre la sangre de este silencio

instante que aun no me reconoce

Escribo y deshabito el canto de otros pájaros

para escuchar el mío

Caigo y me agazapo

sobre aquellos candelabros

donde colgaron desnudas

las velas de mi niñez

Duele mirar aquellos lugares

dónde uno jamás se encuentra

Cuando pienso en el mundo

lo descubro como un gran carrusel

cada vuelta es una primicia

en el jardín del sueño y la repetición

La fábrica de la magia rueda

y cabalgando sobre alebrijes alados

sonrío

Entonces el tiempo

con su lenguaje de torbellino dice

            Ahora me ves

                                   ahora no me ves

Pero a mi lo que me conmueve es la flor que nace entre las lágrimas

Y entre el respiro de las aves

pienso no solo en ella

también hablo de ellas

esas mujeres pretéritas que agonizaron en la hojarasca

Duele             ser las que no he sido

Así llegué

así he de quedarme

como una peregrina aleteando entre los paisajes

Sirena de viento desconocida

Sacerdotisa desunida

Ninfa desprendida

Destino son las letras que escribo

y la vida me toca con sus manos de agua

y apaga el fuego de las estrellas

que algún día me hicieron reír

Muerde la corteza de mis arboles ancestros

y hiere esos animales de viento

que alguna vez fecundaron huertos

Y hablo

y escribo para no callar éste pájaro

que en mi cuerpo grita

prisionero de la edad

del origen y del fuego

Cómo encender la lámpara

si me auguraron un rayo de luz

la luz en mi memoria dispersa

desaparecida en la pajarera del tiempo

nacida a nube abierta

Abierta el alma

se desgaja sin florecer

Nada habrá de juntarme

poesía destino

cuando en ti muero

 

 

Patria de pájaros

Quieres crecer muriendo

como la gota que revienta antes de haber caído

como el nido que se desploma sin ser abandonado

Quieres morir en esa patria de pájaros

cometas perdidos

de un firmamento cansado

Te alimentas del hambre hembra

de esa entraña en la que nunca se nace dos veces

Contienes muertes niñas

amontonas edades ciegas

un preludio de versos es tu guerra

Como un poema huérfano

seduces        estrofa                       roca

lengua                       hogar

Y mueres creciendo

mujer            

                        palabra

 

Linda Guiza. Poeta y escritora. (Ciudad de México, 1977). Actualmente estudia la carrera de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. (UACM) Fundadora y coordinadora del Festival de Poesía en el Metro “Poesía y Movimiento” (2008-2012) Festival de Poesía “Marabunta” y “21 poetas en primavera” (Roma - Condesa, 2010). Su obra ha sido incluida en el primer libro de Video-poesía en México, “Ecos de la imagen” (2008), en el libro conmemorativo de la Feria del Libro del Zócalo “Cada chango a su mecate” compilación del maestro Hugo Hiriart. (2011) En diversas antologías y revistas literarias como Así Nacieron, Poesía Cero, Cupido Internauta y Literal, esta última, publicación auspiciada por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

                            

 Por José Luis Domínguez

Foto mia de Libertad Villarreal

                                  I

Hay en el estío de la tarde un monólogo muy triste

dardos que cantan y se van clavando

uno a uno en el alma negra del crepúsculo.

Un vaso desechable pasa armando escándalo

una tira de papel inventa en el aire

no sé qué clase de pirueta.

El viento vaga entre la luz y la sombra

patea latas vacías

alborota faldas   sombreros   cabelleras

escupe tierra –impune– sobre la cara de todos los transeúntes

infla bolsas como si fueran globos

se unta a las ventanas

desvencija azoteas

escala postes

se cuelga de las nubes haciendo de ellas      papalotes.

El viento

niño travieso

adiáfora y testigo

cuerpo de gato en celo

camina

            corre

                    salta

                            vuela

diciendo sólo Dios sabe cuántas cosas.

 

 

                                       II

La anacrónica escalera de roble lanza su quebranto agudo

el viento se talla las costillas sobre los balcones

sobre las innúmeras ventanas que se abren y se cierran con estrépito                                                                                                   

en este hotel ruinoso

el viento se pierde allá a lo lejos con su piel bañada en polvo

jurando espurio que ya no vuelve nunca

 

un espectacular de neón se cimbra,

cae como una página antiquísima que nadie más quiso leer

como la hoja última de un otoño que se va

como unos párpados que invade algún letargo

 

la noche va llegando con su pena al hombro

sabe del tornado próximo y se sabe invisible

escruta con sus ojos oscuros

se sienta a esperar en cualquier parte

 

todo el tiempo del mundo

tiene el viento

todo el tiempo del mundo

para mostrar su ira

para llevarse todo

el viento

el viento cojitranco.

 

José Luis Domínguez. Escritor polígrafo nacido en Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, 1963. Es promotor cultural desde 1992, cuando funda el primer Taller literario en su comunidad. Coordinó el grupo filosófico de los Neoexistencialistas y el taller literario “Scripta manent”, hoy llamado “Octavio Paz”. Ha coordinado los talleres literarios en las ciudades chihuahenses de Jiménez, Delicias, Guerrero. Ha fundado, coordinado y sido colaborador de varias revistas literarias del norte de México.

Libros: "Jonás", 1996; "Quinteto para un pretérito", 2000; "El jardín del colibrí", ensayo literario, 2002; el poemario "Los dedos en la llama”; crónica y memorias "El Barrio Viejo de mis recuerdos", 2006. El libro “Diez leyendas de Cuauhtémoc”, 2007. En 2008, la editorial canadiense Lettres des forges le publica “El amor es un tibio, tierno cuerpo de mujer” en francés y español. También aparece el libro “El amor destruye lo que inventa” en el sello de la editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México. Sus textos poéticos también han sido traducidos al inglés y al griego. En el 2009, la editorial veracruzana de Orizaba, Letras de Pasto Verde, le publica el cuadernillo de poemas titulado “Homenajes”. En el 2012, la editorial de la Benemérita Universidad de Puebla le publica el poemario “Palimpsesto”. En el 2013 publica el libro 12 Leyendas de Cuauhtémoc”. En el 2014 publica su poesía reunida “Los dedos en la llama”. En 2016 publica los libros “La otra historia de los menonitas”, “Manual de Poética para Universitarios” y “Dèja Vu y otros cuentos”. Desde hace ya varios años ha trabajado fomentando los cineclubs en varios cafés y restaurantes de su comunidad, además de ser el editor de los trabajos literarios de los alumnos del taller que coordina en su comunidad.

 

 

Por Linda Guiza

 

 

Pichones suicidas

A ti te he hablado con esta multitud de palabras milenarias abrazadas a mí

a mi vertebral mutismo donde el aire es el mundo

cicatriz destino del ave que habita allí

Cuando hablo contigo en medio de esa multitud algo se entibia

es la sílaba en tu pecho el relámpago de tu boca

tú boca la sangre del tiempo

el tiempo la raíz de tus labios

tus labios una navaja húmeda

Húmeda la muerte

que te nombra con su voz de herida

herida de pichones suicidas

en el útero sagrado de mi garganta

Y te hablo dándome al fuego que habita en mis comisuras

confiando al nido que hilan tus horas

horas signos                horas árboles

fragmentos de un misterio sueño

jadeo de cuervos

atados a mí 

a mis poemas huesos

que se niegan a ser polvo

en el exilio de tú sonrisa

Y te busco entre este abandono y el otro

en ese mar desconocido

que nos enviste con miedo y libertad

Y no sé si te he dicho

que en ésa codicia silenciosa

comprendo que puedo olvidarme

He venido de la melancolía

mi pasión tiene una raíz amarga

con ella pretendo encontrarte

                                   deshabitarme

Cuando hablo contigo

esta tempestad ermitaña respira

            esto es andar entre instantes contenidos

descalzos y ciegos

Llevo el rumbo de las voces furtivas

            apocalípticas

aquellas que parecen hablar entre las ruinas

las que remolcan el encargo de las lágrimas

Cuando los labios dicen

                                   nadie escucha

Quizá debo estar equivocada

porque yo a ti te he hablado

desde esta hierba agitada

persiguiendo tus insomnios

que el fuego de tus secretos

pisa sin piedad

            y entonces

                       otra vez todo parece que arde

Y sí, exijo estar viva

para que estas palabras que también son muertos

y que a veces no saben cómo han de salir

hurguen en tú tierra que es de nadie

y sepas de ti

A ti te he hablado 

callada a llanto de semilla

a grito sucio de calor

a brasa triste de noche

amanecer de nube en celo

a tarde verso gimiendo

a noche carne de tedio

            a labio agotado de tacto 

Tú detenido en mi aire

yo cayendo sobre tú cuerpo a palabra abierta

 

 

Felicidad de muertos

Pienso en ti

como quien piensa en una mañana fresca y cálida

desde un balcón frente al mar

    el mar se desteje manso

y la luz desgasta, inacabable

                        todo calla y canta

Habitas allí

entre secretos y horas

el reloj es solo un sueño

que parpadea a cada instante    

                                   con tu sonrisa

Los momentos pasan como rostros sobre el agua

nada se merece este llanto

a nadie se le premia con esta felicidad de muertos

Desde uno de los cajones de mi alma oigo

que un pájaro grita

es el silencio

ese simulacro sagrado de la muerte

infinito y necesario

Es esta mala usanza de llorarle a las cosas

de vivir entre los laberintos que tiene el olvido

y la memoria

Pienso en ti

al entreabrir el día

y entonces todo pasa

la desnudez de nuestras mañanas

los ojos que muerden y mueren

Nuestras miradas no nacieron para estar separadas

A veces

cuando la tarde me lo permite

pongo mis pies sobre la creencia

nadie me ha dicho que quizá sobre la hojarasca

vuelva a encontrar el camino de su lengua promesa

                        Él no sabe que le pienso y que le escribo

que esta mujer huracán todavía le habita

que aquí adentro

donde él solamente sabe

su noche entra

me habla de una primigenia dicha

           

                                   Aun es tibia la esperanza de encontrarme

En los días por venir         

quedaré ciega entre las cosas que todavía me viven

Los años nos harán esclavos

entre los días sin fecha

            hasta entonces sabremos de las estrellas metáfora

            que apetecíamos preñar 

Cómplices de nuestras larvas palabras

quedaremos mudos cantando la suerte

de este madrigal

Versaremos la vida

hablaremos de sus espadas y sus cuchillos

escribiremos de sus lazos y sus ataduras

con la esperanza de no mirarnos

Porque en el corazón habrá mares que nunca dejarán de llorar

Podremos olvidarnos

abrazaremos otros amores

nadie sabrá de nuestras anclas palabras

                                   porque habremos muerto

He de quedarme sin mi otro

tratando de multiplicarlo entre los días candelabro

y noches espejo

Luego pensaré:

¿Quién habrá tomado esa parte de mi destino

que me seducía tanto?

Lejano                       te imagino

ardiendo entre glaciales

atravesando algún sueño rojo

como un ave dormida

atrapado en un cuerpo humano

pulsando en el corazón de una tarde  

                                               sin premura

 

Linda Guiza. Poeta y escritora. (Ciudad de México, 1977). Actualmente estudia la carrera de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. (UACM) Fundadora y coordinadora del Festival de Poesía en el Metro “Poesía y Movimiento” (2008-2012) Festival de Poesía “Marabunta” y “21 poetas en primavera” (Roma - Condesa, 2010). Su obra ha sido incluida en el primer libro de Video-poesía en México, “Ecos de la imagen” (2008), en el libro conmemorativo de la Feria del Libro del Zócalo “Cada chango a su mecate” compilación del maestro Hugo Hiriart. (2011) En diversas antologías y revistas literarias como Así Nacieron, Poesía Cero, Cupido Internauta y Literal, esta última, publicación auspiciada por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

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